Este artículo es el Capítulo n°1 de la serie abierta “La violencia ocurre. Tierra, mercados y poder en el México rural”.

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Introducción

Los campesinos lucharon victoriosamente a favor y en contra del gobierno nacional; luego perdieron hasta los cocos. Bajo el liderazgo de Amadeo Vidales, empresario de la región, los trabajadores de la costa de Guerrero primero se levantaron en armas para defender al gobierno posrevolucionario en 1923; tres años más tarde iniciaron una rebelión de pequeña escala por su propia cuenta, y ganaron. En 1930, el estado le concedió a los “vidalistas” acceso a la tierra y a las palmeras, como lo hicieron autoridades con incontables exsoldados después de la Revolución Mexicana (1910-1920). Pero ni la Revolución ni la rebelión prepararían a estos exrebeldes para las tres olas de violencia agraria, económica y ecológica que acompañarían a los cocoteros.

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Este ensayo no trata de drogas, sino de dinámicas de violencia que se generan en el intersticio entre las semillas oleaginosas lícitas y la expansión de semillas ilícitas. Tanto los cultivos legales como los ilegales crecen mejor en las pendientes de la Costa Grande, pero esta pendiente resbaladiza ilustra una correlación entre ambos tipos de cultivos. La historia ambiental nos ofrece un ángulo de análisis hacia el entendimiento del cultivo de drogas y la historia política de la expansión de los cocoteros en la costa de Guerrero nos ayuda a entender la proliferación de los cultivos de marihuana en los años 1960. Para esa década, Guerrero era el mayor productor de coco en América pero la región era más famosa por la rebelión campesina de Lucio Cabañas y un tipo de marihuana apodado La Golden. Nuestro argumento es que esta resistencia social y el cultivo de drogas emergieron en relación con políticas estatales dirigidas a la producción de coco, y no en ausencia del estado como se suele señalar.

Este ensayo no trata de drogas, sino de dinámicas de violencia que se generan en el intersticio entre las semillas oleaginosas lícitas y la expansión de semillas ilícitas.

Nuestra descripción del ejido de los vidalistas en Cacalutla, Atoyac de Álvarez, demuestra cómo la expansión de las semillas oleaginosas promovió nuevas dinámicas de violencia social, precariedad económica y cambios en el medio ambiente, lo cual empujó a muchos copreros (cultivadores de coco) a la migración y el cultivo de drogas. Así mismo, Cacalutla ofrece un ejemplo inicial de la política contra las drogas, ya que las autoridades esperaban que la redistribución de tierra evitara las actividades ilegales. Así, para 1931, el ejido cómo institución le ayudaba a las autoridades a vigilar antiguos insurgentes.

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¿Por qué el gobierno estaba preocupado por la “producción y consumo de drogas enervantes” en Cacalutla?1 ¿Acaso a las autoridades les preocupaba Amadeo Vidales por ser un comerciante, dueño de una compañía de transporte? ¿Estaban siguiendo pistas sobre los rumores constantes de tráfico de armas en ese periodo? ¿O era un clásico ejemplo de legisladores mexicanos apoyando la idea de que Guerrero es ingobernable por naturaleza y que por lo tanto no puede vivir sin la autoridad federal?2

Es difícil saber o demostrar cómo un coprero independiente llegó a cultivar drogas; pero la modernización de las semillas oleaginosas lícitas a escala regional ciertamente muestra una pendiente resbaladiza hacia las semillas ilícitas.

La economía política de los cocoteros

Los residentes locales podrían contar la historia de la costa de Guerrero a través de las semillas oleaginosas. Primero vino el chocolate, luego el algodón, luego los cocos. Durante siglos, los colonos españoles controlaron las tierras bajas costeras que rodean Acapulco para cultivar plantas productoras de aceite. Los colonos trajeron los cocos por primera vez de las Filipinas a Guerrero a finales del siglo XVI, pero un decreto real de 1612 rápidamente prohibió el trasplante: el vino de coco competía con el vino de uva.3

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Sin embargo tras la Revolución mexicana las autoridades gubernamentales entendieron que los cocos eran esenciales para varias industrias y promovieron la producción de copra a lo largo de la costa del Pacífico tropical seco. Sin la copra, la médula desecada del coco de donde se extrae el aceite, muchas industrias domésticas no podían fabricar jabón, mantequilla, alimento para ganado, lubricantes industriales, medicinas, o heptanoato de etilo (para saborizar alimentos y bebidas). Aún más difícil era elaborar caucho sintético, glicerina, absorbentes para máscaras antigás, o cientos de otros productos. Para surtir las 106 fábricas de jabón y los 69 molinos de aceite de México a finales de los años 1930, la campaña prosemilla oleaginosa del presidente Lázaro Cárdenas integró la producción de copra a la reforma agraria.4

Simultaneanemnte, las proclividades socialistas de los vidalistas establecieron un carácter de cultura política y protesta popular en Guerrero. Como movimiento social de los años 1920, ellos representaban a los trabajadores y agricultores campesinos de Acapulco y las regiones de Costa Grande y Costa Chica. Los vidalistas le dieron el nombre a su organización inspirados en su primer organizador, Juan R. Escudero. Dos generaciones de socialistas guerrerenses le hacían el saludo militar a Escudero como su “Lenin de Acapulco” antes de que Lucio Cabañas tomara el nombre. Como alcalde de Acapulco después de la Revolución, Escudero ayudó a organizar la fuerza laboral en contra del capital, conectando los sindicatos de trabajadores de Acapulco con las luchas agrarias del campo. Pero después de que las élites locales vinculadas con la industria de las semillas oleaginosas ordenaran el asesinato de Escudero en 1923, Amadeo Vidales se convirtió en el líder de los trabajadores y de la lucha agraria.

Cuando los vidalistas se rebelaron contra el gobierno nacional en 1926, su meta era derrumbar la economía política de las semillas oleaginosas en la región. Amadeo lograría, por ejemplo, movilizar a los hombres de las plantaciones para la destrucción de los molinos.5Cuando la rebelión perdió su impulso, el gobernador General Adrián Castrejón, un líder socialista poco recordado dentro de la historia de Guerrero, intervino. El gobernador fue solidario. Después de todo había sido zapatista durante la revolución y aliado de Vidales. Fue así como apoyó a los vidalistas a través de la reforma agraria y una plantación de coco en Cacalutla, Atoyac.

Así, el 16 de enero de 1930, 825 exvidalistas y sus familias se convirtieron en ejidatarios de Juan R. Escudero, recibiendo 3,000 hectáreas de tierra expropiada de la Hacienda de Cacalutla en el municipio de Atoyac de Álvarez, 68 kilómetros al occidente de Acapulco.6 Los ingenieros estatales que midieron y dividieron la tierra describieron la colonia como enclavada, o anidada. Entre ejidos, haciendas y una laguna costera, el asentamiento estaba de hecho situado en un territorio arduo y hostil.

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El ejido consistía en la sabana tropical seca caracterizada por prolongados periodos de humedad y sequía. Sus matorrales no eran fértiles ni tampoco irrigables. Tenían franjas que a lo sumo servían solo de labrantíos temporales o de pastoreo en el peor de los casos, aunque algunas tiras de tierra eran lo suficientemente húmedas como para cultivar semillas de sésamo y maíz entre las palmas de coco resistentes a las sequías. Las temporadas de sequía podían durar hasta siete meses por año y como resultado, era el agua la que determinaba el lugar, la producción, y la energía a lo largo de la costa. En el caso de los cocoteros, tanto la presencia como la ausencia del agua eran importantes. Las palmas cubrían las inclinadas laderas de las lagunas costeras, el Océano Pacífico y numerosos ríos y ensenadas.

Cuando el agua influía las áreas donde se cultivaban los cocoteros, las sequías ayudaban a decidir la forma como crecían. Sin lluvias, los ejidatarios podían controlar el proceso de secado para hacer copra sin necesidad de valerse de centros de secado modernos. Después de cosechar maíz y sésamo, en octubre y noviembre respectivamente, los agricultores tenían hasta mayo para recoger y preparar la copra seca antes de las lluvias. Los ejidatarios también podían regar las palmas sin infraestructura de irrigación ya que, al igual que el sésamo, algodón, amapola o marihuana, los cocoteros son bastante resistentes a las sequías cuando se cultivan en pendientes que circulan agua por gravedad.7 Hablando en términos botánicos, el estrés de la sequía incluso estimula las plantas de semillas oleaginosas a almacenar más energía y agua en el aceite, lo cual ilustra por qué crecen mejor en los trópicos secos del Pacífico en vez de los trópicos húmedos del Atlántico.

Cocoteros y violencia agraria

Los exvidalistas no solamente tenían reputación de saber organizar la fuerza laboral; también tenían mala fama entre sus vecinos. Los dueños de las propiedades de la Hacienda Cortés, los hermanos Cortés, quienes perdieron contra los ejidatarios el acceso a la laguna, eran especialmente rencorosos e injuriosos, quizás tan hostiles como lo era el entorno de la Costa Grande. 

Antes de que los cambios económicos y ecológicos sacudieran Cacalutla, las milicias armadas, denominadas guardias blancas utilizaban la violencia para controlar la economía política de los cocoteros, de forma más o menos exitosa.  Los exvidalistas habian llegado a Cacalutla de otras partes de la Costa Grande y de la Costa Chica, algo que los residentes locales les recordaban constantemente. A pesar de que los hermanos Luna aterrorizaban los ejidos por todo Atoyac, no había grupo que expresara más su odio contra Cacalutla que la familia Cortés. Los hermanos Cortés odiaban a los antiguos vidalistas porque estos habían luchado contra las estructuras de poder de la costa y habían ganado. Además, los ejidatarios habían ganado el derecho a un pequeño palmeral donde crecían los cocoteros de mejor calidad en toda la laguna de Mitla, palmeral que la familia Cortés consideraba como suyo. Por mucho que intentaron arrinconar los sueños de los agricultores, los hermanos Cortés terminaron sufriendo el mismo destino que todos los oponentes de los vidalistas: pérdida trágica.8

Mientras el Gobierno mexicano seguía invirtiendo dinero en proyectos de expansión de cocotales, los oficiales enviaban tropas federales a la Costa Grande a buscar rebeldes, marihuana y amapola.

Con Celestino Cortés a la cabeza, sus cuatro hermanos y dos hermanas, los Cortés dirigieron las guardias blancas que asesinaron a docenas de colonos en los años 1930 y 1940. Según Marte Gómez, el director nacional de agricultura, los asesinatos comenzaron en 1931. Sin embargo, lo que alteró el legado de Juan R. Escudero fue el asesinato de Amadeo Vidales en 1932. Después de la súbita muerte de su líder, la colonia recurrió a su segundo comandante, Feliciano Radilla. En su nueva función como presidente de la colonia, Radilla continuó los legados de Escudero y Vidales de fomentar la cooperación entre las comunidades agrarias y los sindicatos de trabajadores en la costa. Radilla rápidamente se convirtió en el presidente del partido socialista de Guerrero, y después de que el gobernador antiagrarista general Gabriel R. Guevara sucediera al gobernador socialista Castrejón en 1933, pasó a dirigir la liga de resistencia de trabajadores y agricultores. Radilla ganó la batalla regional sobre la producción de coco en Cacalutla contra la familia Cortés, pero no sin evitar una gran pérdida personal.9

Como líder agrario estatal, Radilla convirtió a Cacalutla en un centro de lucha agraria y expansión de semillas oleaginosas en la costa. Los hermanos Cortés no tardaron en ir directo tras la familia de Radilla.  Después de matar a su hermano Emilio Radilla en 1933, cualquiera era un blanco legítimo. Junto con otros guardias blancas apoyados por el gobernador Guevara, Celestino y sus hermanos mataron a por lo menos diez miembros de la colonia en 1934 y quemaron varias casas en 1938. Lamentablemente para la familia Cortés, los ejidatarios de Juan R. Escudero tenían la inteligencia militar para defender ferozmente su tierra y mataron a Celestino y a sus cuatro hermanos.

Debido a la extrema violencia agraria que la expansión del coco había establecido, el entonces presidente de México Lázaro Cárdenas intervino para ayudar a los ejidatarios a reorganizarse y suministrarles el equipo y apoyo político necesarios para plantar más palmas. Sin embargo, para el momento en el que los nuevos árboles habían producido sus frutos, los pistoleros ya habían agregado a Radilla a la larga lista de agraristas asesinados en la región. A pesar de la tragedia, los esfuerzos de Radilla habían puesto a Atoyac en el foco de la política agraria de la región y habían ayudado a Cacalutla a ganar más tierra para cocotales durante la expansión de la era de la posguerra. Estos legados de la violencia agraria determinaron de qué manera confiaban los residentes locales en los gobiernos nacional y estatal, y su movilización como copreros para proteger sus intereses.

Inseguridad económica y ecológica

A medida que Guerrero se convertía en el mayor productor de copra del Hemisferio Occidental, los molinos de aceite y las compañías con frecuencia perjudicaban a los productores de semillas oleaginosas utilizando copra importada del Sudeste Asiático. Esto comenzó a cambiar cuando Japón invadió las Filipinas y destrozó sus fábricas y plantaciones durante la Segunda Guerra Mundial. Los precios estimularon la producción mexicana. Pero desafortunadamente para los copreros mexicanos este cambio internacional nunca benefició de lleno la seguridad económica de la región. Muchos tuvieron que intentar sacarle el máximo provecho a la situación, ya que a pesar de que los acres de cocotales se cuadruplicaron en tamaño entre 1943 y 1953 y las cosechas de los ejidatarios de Cacalutla crecieron diez veces, la tenencia de tierras solo aumentó el 14 % en tamaño.

Con los monocultivos llegaron las plagas, los pesticidas, y el desgaste de los suelos.

Cultivar cocos ofrecía a los ejidos una apariencia de autonomía, ese valor esencial del ejidatario, antes de que la competencia global incrementara la necesidad de agroquímicos y de equipo moderno de agricultura. Los residentes de Cacalutla alguna vez cultivaron maíz y semillas de sésamo entre las palmas y solían mezclar sus propios pesticidas; pero con casi 32,000 árboles tenían que plantar menos cosechas de subsistencia y comprar más químicos sintéticos. Las palmas que producen fruta no requieren excesivo trabajo intenso, pero la creciente competencia obligó a los ejidatarios a recurrir continuamente a nuevos huertos de árboles frutales para poder cumplir con la demanda. Con los monocultivos llegaron las plagas, los pesticidas, y el desgaste de los suelos. A medida que los costos de la agricultura incrementaban los agricultores estaban cada vez más preocupados frente a la calidad de la copra, ya que el aumento de jabones sintéticos (detergentes) disminuyó el precio del aceite de coco en los años 1950.

Los copreros expandieron las áreas de acres de 32 665 hectáreas en 1950 a 79 185 en 1960, pero en la disminución de los costos dependían más del crédito del Banco Agrario para semillas y fertilizantes, y de intermediarios para lograr las ventas.10 Los intermediarios llegaron a Cacalutla en la forma de una colonia militar nueva que se reservaba el litoral de la laguna para abastecer su propio molino de aceite, y a través de incursiones regulares de dos hermanas Cortés sobrevivientes. Al enfrentar esta realidad, los ejidatarios de Cacalutla y decenas de miles de otros copreros se asociaron al Sindicato Regional de Productores de Copra para cultivar sus propias protecciones económicas y políticas.

Tres presidentes  visitaron la unión de copreros en los años 1950 para abordar la “importación perjudicial de copra extranjera” que incrementaba la inseguridad en la costa. Sin embargo, sus administraciones hicieron poco para evitar que las fábricas e intermediarios explotaran los copreros durante las recesiones económicas. En vez de esto, regularizaron los precios de la copra para apoyar al sector industrial y fracasaron en evitar que los empresarios acapararan la copra doméstica o compraran variedades extranjeras más baratas. El sindicato perdió inicialmente más de 80 millones de pesos del valor de las palmas a comienzos de 1950 debido a las plagas de las cosechas y a los precios bajos, pero para 1959 se había convertido en la primera institución agraria de México que exportaba productos directamente sin intermediarios.

En los años 1960, a pesar de la presencia del gobierno y de las instituciones locales, los agricultores sufrieron las crisis del sector agrícola con más frecuencia.

Esto no fue paradójico.

El estado apoyó la industria del aceite de coco a expensas de los cultivadores de coco.

Aún así, a pesar de que los copreros se habían agremiado y tenían el apoyo de varios presidentes, los copreros vulnerables comenzaron a cultivar marihuana en 1950.11 Los cambios sociales, económicos y ambientales asociados a la modernización agrícola empujaron a muchos campesinos a cultivar y a guardar pequeñas cantidades de marihuana para complementar sus precarios ingresos. La marihuana no es como la fresa, se puede guardar al igual que otras semillas oleaginosas hasta que el mercado llegue por ella. Los agricultores sufrieron las crisis del sector agrícola con más frecuencia en los años 1960 a pesar de la presencia del gobierno y de las instituciones locales. Esto no fue paradójico. El estado apoyó la industria del aceite de coco a expensas de los cultivadores de coco.12

Las adversidades de los monocultivos también influyeron. El dicho popular de los copreros “después de los huracanes vienen las plagas” pareció volverse realidad cuando tras el huracán Tara (noviembre de 1961) vinieron las epidemias micóticas de 1963, 1964 y 1967. Cuando miles de cultivadores perdieron sus palmas en Atoyac y otras partes de la Costa Grande, muchos emigraron y otros recurrieron a los cultivos ilícitos. El sindicato luchó para obtener los fungicidas del gobierno, pero la enfermedad se propagó demasiado rápido, demasiado lejos, y demasiado frecuentamente. En 1964 la micosis infectó a 4.8 millones de las 8 millones de palmas de Guerrero, y tres años más tarde obligó a 12 000 familias a abandonar sus cultivos frente la putrefacción.

Las plagas dañinas y la política económica obligaron a los copreros a salir a las calles a protestar. El 20 de agosto de 1967, unos sicarios asesinaron a docenas de copreros e hirieron a más de cien durante una marcha en Acapulco. Esta violencia terminó de convencer a varios campesinos a irse rumbo a la sierra, y desatar la tormenta.

Conclusión

La violencia de la Costa Grande no fue fortuita. La masacre de 1967 y las precariedades de los copreros solo impulsaron la insurgencia que ya emergía en Atoyac bajo Lucio Cabañas después de una previa masacre en mayo. Mientras el Gobierno mexicano seguía invirtiendo dinero en proyectos de expansión de cocotales, los oficiales enviaban tropas federales a la Costa Grande a buscar rebeldes, marihuana y amapola.

Literalmente, en 1970 la violencia cayó del cielo. Las autoridades militares y políticas acordaron rápidamente sobre campañas de herbicidas y pesticidas aéreos para eliminar simultáneamente la micosis y los narcóticos, supervisar a los insurgentes y modernizar Acapulco.

Este ecocidio, y la destrucción de la economía local se fue repitiendo en los años 1980 y 1990 a medida que continuaron los cambios económicos, epidemias de enfermedades y violencia abierta y directa para obligar a los copreros a abandonar sus palmas.13

La historia de las semillas oleaginosas en la costa de Guerrero ayuda a entender las presiones políticas, económicas y ambientales que caracterizan la inseguridad en la región. Las conexiones ecológicas entre las semillas oleaginosas lícitas y las ilícitas en las tierras bajas del Pacífico no fueron las únicas pendientes resbaladizas; los ciclos de violencia agraria, la mala administración política y los cambios económicos también debilitaron la capacidad de los copreros de sustentar sus medios de vida únicamente con los cocos.


Programa Noria para México y América Central

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Lea el capítulo n°2, por Nathaniel Morris – “Ya los jóvenes son maestros pa la raya” Opio, agricultura e identidad indígena en la sierra de Nayarit

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La traducción al español fue realizada por Angie Uribe.

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  1. Manuel Pérez Treviño, Informe, 2 de marzo de 1931, Archivo General Agraria. Estado: Guerrero; Municipio: Atoyac de Álvarez; Ejido: Cacalutla, Leg. 3, ff. 89. Presidente municipal de Badiraguato a President Miguel Alemán, Abril, 10 1948, AGN, Fondo Alemán: Campaña contra Estupefacientes en Sinaloa, box, 726, exp., 609.264.
  2. Armando Barta, Guerrero Bronco: campesinos, ciudadanos, y guerrilleros en la Costa Grande (1996)
  3. María Inés Mombelli Pierini, «La formación histórica del paisaje en el Corredor Acapulco-Zihuatanejo», Geografía humana, 72, (2009); Zizumbo D. Villareal, et al., «Coconut Varieties in Mexico», Economic Botany, 47, (Enero-Marzo, 1993), 66.
  4. Donald D. Brand, «Dividivi and Sesame in Mexico», Economic Geography, 17, 2 (Abril 1941), 152; Montes de Oca S., Francisco. Cultivo e Industrialización del Cocotero. México, D. F.: 1943, 5.
  5. Enrique Colunga to the Governor of Guerrero, 2 de abril, 1924, Archivo General de la Nación (AGN), Galería 5.
  6. Los exvidalistas técnicamente se convirtieron en colonos hasta la reorganización de la colonia en un ejido, pero usaré el término ejidatarios o agricultores para guardar consistencia.
  7. Oscar K. Moore, «The Coconut Palm—Mankind’s Greatest Provider in the Tropics», Economic Botany (1948), 119-144.
  8. Paul Gillingham, Unrevolutionary Mexico: The Birth of a Strange Dictatorship (2020), 123; Ing. Armando González Garza, Informe General, 20 de julio, 1930, AGA, Ejido: Cacalutla, Legajo, 2.
  9. Ing. Marte R. Gómez, «Exposición de datos relativos a la Colonia Juan R. Escudero y poblado de Cacalutla», AGA, Ejido: Cacalutla, Legajo 6.
  10. Rosa Cueva Martín del Campo, «Estudio geográfico de las oleaginosas de México». Tesis: Universidad Nacional Autónoma de México, México, DF, 1953, 14; Los números representan promedios de 1950 a 1954 y 1960 a 1964, Zizumbo, et al., «Coconut Varieties in Mexico» 69.
  11. Esteban Hernández Ortiz, «La Narcoeconomía En La Sierra de Guerrero: 1965-2018». (Tesis: Universidad Autónoma de Guerrero, 2019), 58.
  12. «El Problema de la Importación de copra, la industria y los consumidores de jabón», El Universal, 20 de agosto, 1933, Recortes Económicos, PO5018: Copra, Comercio Exterior; «Producción de la copra: dos graves defectos tiene», Boletín Mensual de Estadística Agrícola, 9 octubre de 1934, Recortes Económicos, PO5001: Copra, Destrucción; «La importación de la copra es perjudicial», El Universal, 11 de diciembre de 1937, Recortes Económicos, PO5018: Copra, Comercio Exterior.
  13. Ecocidio por lo general se refiere únicamente a la destrucción de la ecología, pero dado que la economía y la ecología tienen la misma raíz etimológica: oikos o casa, yo utilizo ecocidio aquí para referirme a la destrucción de las casas, la economía y la ecología.